martes, 9 de enero de 2018

La vida en la dehesa

¡¡Hola de nuevo!!

En esta ocasión os muestro algunas de las aves que vimos en una excursión por las dehesas de Sevilla la Nueva un municipio situado al oeste madrileño y adornado con estupendos paisajes adehesados.

A pesar de que disfrutamos muchísimo mostrando e identificando las especies más representativas de las dehesas, podríamos haber visto muchas más de no ser por la madrugadora niebla que impidió la observación durante las primeras horas de la mañana. Para aquellos de nosotros que nos gusta ver el amanecer en la naturaleza y ver a las aves cantando con los primeros rayos de luz, fue una pena encontrarse con una niebla tan espesa.

Las dehesas normalmente están llenas de vida, las especies que se muestran a continuación solo representan una pequeña parte de las muchas que se pueden llegar a ver entre las jaras, los pinos, los fresnos y las encinas del monte adehesado.

  Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva. Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.
Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva.
Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.

En un primer lugar los primeros en salir a saludar fueron los descarados pinzones vulgares. Con sus reclamos "finch" nos obligaban a levantar la cabeza, buscar entre las ramas o usar los prismáticos en la encina de enfrente. Cerca y juguetones, varios carboneros también entraron en escena.

  Macho de carbonero común (Parus major). Esta especie viste un plumaje amarillo en todo el vientre. Tanto machos como hembras lo adornan con una corbata negra que sale desde la garganta y baja hacia las patas. En los machos dicha corbata es bastante ancha y alcanza la cloaca, como en este caso.
Macho de carbonero común (Parus major).
Esta especie viste un plumaje amarillo en todo el vientre. Tanto machos como hembras lo adornan con una corbata negra que sale desde la garganta y baja hacia las patas. En los machos dicha corbata es bastante ancha y alcanza la cloaca, como en este caso.
A medida que avanzamos, a lo lejos se divisa un montón de plumas bajo unos pinos en una zona más o menos amplia. Se trata de las plumas de una paloma torcaz, frecuente en la dehesa. Varios bandos nos habían salido cruzádose en nuestro camino de forma ruidosa. Probablemente esta, con mala suerte, se hubo topado con el depredador de este bosque tan especial, el azor. 

  Desplume de una paloma torcaz (Columba palumbus) probablemente realizado por un azor común (Accipiter gentilis). Esta rapaz se alimenta de otras aves que viven en estos ambientes y despluman a sus presas antes de comérselas.
Desplume de una paloma torcaz (Columba palumbus) probablemente realizado por un azor común (Accipiter gentilis).
Esta rapaz se alimenta de otras aves que viven en estos ambientes y despluman a sus presas antes de comérselas.
Más adelante el bosque cambió el silencio y los reclamos de los pinzones por un sonido más melódico, algo más elegante y menos habitual, el canto de la alondra totovía. De repente varios ejemplares de esta especie se pusieron a cantar, se podían escuchar varios cantando a lo lejos, uno en la encina de delante, otra un poco más a la derecha y ahí, justo ahí a mano izquierda una alondra completamente visible, sobre el fondo de la dehesa.

  Alondra totovía (Lullua arborea) sobre una encina sin hojas. Se trata de una especie de la familia de los aláudidos (cogujadas y alondras) unas aves normalmente asociadas a los cultivos y las campiñas. Como su nombre en latín indica, esta especie es mas arbórea que sus otros parientes.
Alondra totovía (Lullua arborea) sobre una encina sin hojas.
Se trata de una especie de la familia de los aláudidos (cogujadas y alondras) unas aves normalmente asociadas a los cultivos y las campiñas. Como su nombre en latín indica, esta especie es mas arbórea que sus otros parientes.
  Detalles de la alondra totovía (Lullula arborea). No destaca por su plumaje. Sin embargo su canto es muy peculiar. Se tarta de una estrofa que comienza lenta, pero que avanza con rapidez, acelerándose y haciéndose progresivamente más grave. No hay otro canto igual.
Detalles de la alondra totovía (Lullula arborea). No destaca por su plumaje.
Sin embargo su canto es muy peculiar. Se tarta de una estrofa que comienza lenta, pero que avanza con rapidez, acelerándose y haciéndose progresivamente más grave. No hay otro canto igual.
Algún que otro agateador europeo se asomaba tímido durante su "gateo" por los troncos de las viejas encinas de la dehesa. El "psit" de los petirrojos rebota dentro de los arbustos y los más extrovertidos salen a que, el poco sol de esta mañana de enero, les caliente sus anaranjadas mejillas.

  Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) en un fresno. Esta especie es insectívora, cría en la sierra de Madrid y baja en un pequeño viaje conocido como migración altitudinal. Esto le permite encontrar más recursos, pues en sus lugares de cría el alimento no sobrevive a las bajas temperaturas.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) en un fresno.
Esta especie es insectívora, cría en la sierra de Madrid y baja en un pequeño viaje conocido como migración altitudinal. Esto le permite encontrar más recursos, pues en sus lugares de cría el alimento no sobrevive a las bajas temperaturas.
  La falta de hojas en algunos árboles descubre las secretas ubicaciones de algunos antiguos nidos.  Este en este caso está hecho de palos y ramitas colocados estratégicamente en una horquilla de un árbol.
La falta de hojas en algunos árboles descubre las secretas ubicaciones de algunos antiguos nidos.
Este en este caso está hecho de palos y ramitas colocados estratégicamente en la horquilla de un árbol.

  Las aves esconden cuidadosamente sus nidos, pero en otoño, los árboles que dejan caer sus hojas develan las secretas posiciones de estas pequeñas obras de arquitectura animal. Este nido está hecho de ramas y líquenes y colocado sobre las ramas de este fresno.
Las aves esconden cuidadosamente sus nidos, pero en otoño, los árboles que dejan caer sus hojas desvelan las secretas posiciones de estas pequeñas obras de arquitectura animal. Este nido está hecho de ramas y líquenes y colocado sobre las ramas de un fresno.
A lo largo de la vía pecuaria que discurre entre las sombras de las encinas y los pequeños grupos de retamas y jaras, existe una serie de carteles, señales y postes que nos dan indicaciones y marcan el camino para no perder la ruta. Parece que algunas aves han sabido sacarle provecho. El colirrojo tizón las utiliza como atalaya. Se trata de un ave insectívora y como depredador que es, necesita de un lugar elevado desde el que poder detectar a sus presas, por muy pequeñas que estas sean.

  Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) sobre una señal de vía pecuaria. En esta especie existe cierto dimorfismo sexual. Ambos sexos tienen la cola rojiza y el resto del plumaje de tonos grises. En los machos además la cara y el pecho son de color negro, como en este caso.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) sobre una señal de vía pecuaria.
En esta especie existe cierto dimorfismo sexual. Ambos sexos tienen la cola rojiza y el resto del plumaje de tonos grises. En los machos además la cara y el pecho son de color negro, como en este caso.
Según va avanzando el día, las temperaturas aumentan y el cielo se despeja por completo, ya no hay rastro de la niebla que obstruyó la observación por la mañana. Llega la hora de las rapaces. Estas aves son bastante perezosas, les gusta levantarse tranquilamente, acicalarse el plumaje y a media mañana comenzar sus rondas de caza. Una de ellas sobrevuela los cielos de la dehesa. Se trata del busardo ratonero.

  Busardo ratonero (Buteo buteo) en pleno vuelo. La silueta en el aire de esta rapaz se diferencia por las marcas blancas de su plumajes, por tener unas alas redondeadas y un tamaño bastante proporcional con una cola corta y redondeada.
Busardo ratonero (Buteo buteo) en pleno vuelo.
La silueta en el aire de esta rapaz se diferencia por las marcas blancas de su plumajes, por tener unas alas redondeadas y un tamaño bastante proporcional con una cola corta y redondeada.
La presencia de esta sombra en el cielo es quizás la causa de la inquietud de algunas aves como los zorzalles charlos. A pesar de que un ratonero nunca atacaría a estos primos de los mirlos, los zorzales son aves muy desconfiadas. Inquietos, desorientados y temerosos vuelan a ocultarse realizando su peculiar sonido "charrrrr" que le da el nombre. Varios zorzales se encontraban tranquilamente bebiendo agua de la orilla del arroyo que discurre por un pequeño claro y ya no queda ninguno.

  Zorzal charlo (Turdus viscivorus) inquieto por la presencia del busardo. En esta especie de zorzal (aunque no se ve en la imagen) el pecho está manchado, con motas perfectamente redondas. En otras especies dichas manchas tienen una forma diferente, en el charlo son círculos muy bien definidos.
Zorzal charlo (Turdus viscivorus) inquieto por la presencia del busardo.
En esta especie de zorzal (aunque no se ve en la imagen) el pecho está manchado, con motas perfectamente redondas. En otras especies dichas manchas tienen una forma diferente, en el charlo son círculos muy bien definidos.
Pronto, dicho arroyo comienza a juntarse con un bosque de ribera. En su cauce viaja el Guadarrama y es que este gran soto corresponde con el Parque regional del Curso medio del río Guadarrama y su entorno, un espacio natural protegido de la Comunidad de Madrid, situado en la zona oeste de la región. Entre sus fresnos, agateadores, pinzones y cetias ruiseñores canturrean acompañando al sonido del agua del río.

Otras dos especies se suman a la lista de aves de la dehesa, son el herrerillo común y el escribano soteño. Se trata de dos aves completamente diferentes compartiendo el mismo trozo de ribera y deleitándonos con sus maravillosos plumajes.

  Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) picoteando las ramas. Azules, amarillos y una sutil corbata de color azul oscuro son los colores del plumaje de esta especie tan común.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) picoteando las ramas.
Azules, amarillos y una sutil corbata de color azul oscuro son los colores del plumaje de esta especie tan común.

  Macho de escribano soteño (Emberiza cirlus). En etsa especie las hembras y los macho son muy similares son la salvedad de que los colores de las plumas en los machos son mucho más vivos y llamativos.
Macho de escribano soteño (Emberiza cirlus).
En etsa especie las hembras y los macho son muy similares son la salvedad de que los colores de las plumas en los machos son mucho más vivos y llamativos.
Ya de vuelta y deshaciendo el camino andado, la dehesa tiene otro aspecto al de por la mañana. La niebla no dejaba apreciar la profundidad y la extensión de este ecosistema forestal. Ahora cantan más aves y las temperaturas son más agradables. De hecho se puede escuchar al cantarín herrerillo capuchino que juega en pareja entre las hojas de las encinas buscando pequeños insectos que le sirvan de almuerzo.

  Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus). Esta especie no presenta unos colores tan llamativos como el herrerillo común, pero esa cresta es tan característica como su reclamo, una estrofa que repite y repite.
Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus).
Esta especie no presenta unos colores tan llamativos como el herrerillo común, pero esa cresta es tan característica como su reclamo, una estrofa que repite y repite.
Mirlos, jilgueros, pardillos y otras aves hasta un total de 29 especies forman la vida emplumada de la dehesa... pero... espera, un último habitante se nos quedaba rezagado. Justo a la entrada de la dehesa y casi apunto de abandonarla aparece un bañista.

  Bisbita pratense (Anthus pratensis) su presencia aquí es estacional. Esta especie únicamente se puede observar en la península durante la época invernal.
Bisbita pratense (Anthus pratensis) su presencia aquí es estacional.
Esta especie únicamente se puede observar en la península durante la época invernal.

  Bisbita pratense (Anthus pratensis) dándose un buen baño. A pesar de que haga un poco de frío el baño para las aves es muy importante, mantiene sus plumas en buen estado, lo que significa que estas le seguirán protegiendo del frío. ¡¡Bien hecho!!
Bisbita pratense (Anthus pratensis) dándose un buen baño.
A pesar de que haga un poco de frío, el baño, para las aves, es muy importante, mantiene sus plumas en buen estado, lo que significa que estas le seguirán protegiendo del frío. ¡¡Bien hecho!!
Ahora si, ahora podemos decir que hasta un total de 30 especies forman la vida emplumada de la dehesa, un ecosistema vivo, no solo por la presencia de estas aves ni por las encinas, fresnos y jaras sino por el conjunto de todos estos y otros muchos seres que mantenienen inconscientemente en equilibrio este ecosistema único.

¡Hasta pronto!


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